El Liderazgo que se Rompe por Dentro
- Julio Wong
- 4 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Descubre que sucede cuando el estrés laboral crónico se normaliza y se convierte en burnout, un trofeo silencioso.

En el acelerado mundo corporativo de América Latina, existe una creencia arraigada: el estrés y la ansiedad son el precio que se paga por el éxito. Un alto rendimiento constante, largas jornadas laborales y una dedicación que roza lo insostenible no solo se aceptan, sino que a menudo se glorifican como insignias de honor. Sin embargo, detrás de esta fachada de eficiencia y ambición, se esconde una epidemia silenciosa y corrosiva: el burnout.
El burnout no es una simple fatiga o un mal día en la oficina. Es un estado de agotamiento físico, emocional y mental profundo y crónico que surge de una brecha persistente entre las exigencias laborales y los recursos personales. Se manifiesta en tres dimensiones: un agotamiento emocional que te deja sin energía, un cinismo que te distancia de tu trabajo y tus colegas, y una profunda falta de realización personal que te hace dudar del valor de tus logros.
En los ejecutivos y profesionales de alto rendimiento, el burnout se disfraza. La ansiedad constante, el insomnio y la dificultad para concentrarse son síntomas directos, pero se ocultan detrás de la autoexigencia y el perfeccionismo. Estos individuos son maestros en aparentar que todo está bien, mientras su salud se deteriora silenciosamente. La presión de "siempre dar la talla" y el miedo a parecer ineficiente son impulsos poderosos en una cultura que premia la "productividad tóxica".
La raíz de este problema a menudo se encuentra en factores tanto externos como internos. A nivel organizacional, la falta de reconocimiento y las expectativas desproporcionadas crean un ambiente de presión constante. Pero a nivel personal, el "síndrome del impostor" o una voz crítica interna son el verdadero motor del agotamiento y la ansiedad. Esta voz susurra que no eres lo suficientemente bueno, lo que te obliga a trabajar más para "probar tu valía", un ciclo que inevitablemente conduce al colapso.
Es crucial entender que el burnout no es una señal de debilidad o una consecuencia inevitable del éxito; es una advertencia de que algo fundamental está desequilibrado. Ignorar estos síntomas puede llevar a un deterioro grave de la salud física y mental. El primer paso para superarlo es reconocer que no está bien, y que el agotamiento no es un trofeo, sino una crisis que requiere atención y un nuevo enfoque.
Recomendaciones:
1. Reconoce y nombra tus emociones: La ansiedad, la irritabilidad o el agotamiento no son "normales". Tómate un momento para hacer un escaneo corporal y observa dónde sientes la tensión. El mindfulness te enseña a notar estas sensaciones sin juzgarlas, lo que es el primer paso para poder gestionarlas.
2. Programa micro-descansos y desconéctate: El agotamiento crónico y la ansiedad se alimentan de la falta de descanso. Programa pausas de 5 minutos a lo largo del día para estirarte o caminar un poco. Desconéctate de la tecnología para darle a tu mente un respiro.
3. Establece límites claros: La presión externa es una causa principal del burnout. Practica decir "no" o establece una hora en la que te desconectas del trabajo para proteger tu espacio mental y personal.
El burnout de alto rendimiento es una trampa que confunde la dedicación con la autodestrucción. Normalizar el estrés y la ansiedad nos impide ver las señales de advertencia hasta que es demasiado tarde. El camino para salir de este ciclo comienza por reconocer el problema y tomar acciones intencionales para recuperar tu bienestar.
Referencias consultadas:
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